Carlos Varela Hernani: “La ópera me cambió la vida”

El barítono Carlos Varela Hernani (1999) es el nuevo becado de la Fundación ÓPERA ACTUAL para el año 2025. Nacido en las Islas Baleares pero criado en Galicia, inició su carrera en el mundo de la música como pianista, cursando los estudios profesionales y supriores entre Pontevedra, Vigo y Barcelona, donde se graduó con máximas calificaciones el 2022, de la mano de su profesor de piano Josep Colom. Pese a su talento indiscutible por este instrumento, Varela, sin embargo, ha encontrado su verdadera pasión por la música en el canto. Desde hace poco más de un año, decidió cambiar por completo el rumbo de su carrera como intérprete, dejando las teclas del piano para empezar a formarse como barítono. En poco tiempo, ha comenzado con muy bien pie sus estudios superiores de canto en el Conservatorio del Liceu, bajo la tutela del profesor Eduard Giménez, y ha participado en la Escola d’Òpera de Sabadell, cantando el rol de Schaunard de La Bohème.

¿Por qué decidiste dejar tu carrera como pianista para dedicarte al canto?

Incluso a día de hoy sigo dándole vueltas. Durante toda mi vida siempre he pensado que mi futuro estaría al lado del piano, y por eso le he dedicado muchísimas horas desde que decidí que quería dedicarme a la música a los 17 años, aunque la ópera siempre me ha fascinado, en parte gracias a la herencia musical de mi madre y su extensa colección de vinilos. Poco después de acabar el Superior de piano en Barcelona me volví a Galicia para centrarme en preparar la entrada a un máster y creo que aquello fue el principio del fin. Poco a poco fui notando que aquello no era lo que me hacía plenamente feliz y fue un año muy duro psicológicamente. Además, tuve la oportunidad de cantar en el coro en una representación de Falstaff que organizaban los Amigos de la Ópera de Vigo y aquella experiencia ya sembró algo dentro de mí. Aun así, seguí preparándome y conseguí entrar a un máster de piano en Lituania, con escasa motivación y muchas horas de soledad acumuladas. Justo dos meses antes de marcharme, en julio, una amiga mía de la carrera me invitó a ir a un curso vocal de verano y me pareció buena idea para relajarme un poco y divertirme antes de marcharme, de forma completamente lúdica. Al finalizar el curso, yo estaba aún más confundido, ya que sentía que aquel mundo me llamaba ahora con más fuerza y además mi voz no era mala. Mi amiga me habló de que aún había plazas libres para presentarse en septiembre en el Conservatorio del Liceu, así que, tras hablarlo con mis padres, decidí pasar todo el agosto en Barcelona preparándome y presentarme a las pruebas… y un año y medio más tarde aquí estoy.

Fue un cambio radical de vida y de perspectivas de futuro en poco tiempo, ¿no es así?

Exacto. Siempre he pensado que decir esto es un cliché, pero ahora me veo obligado a ser sincero conmigo mismo y admitir que la ópera me cambió la vida, aunque toco mucho el piano y disfruto de él, incluso más que antes. Supongo que al final sí que mi futuro estará al lado del piano, aunque no lo toque yo directamente.

¿Ahora que empiezas a adentrarte en el mundo de la lírica, crees que es difícil dedicarte profesionalmente a la ópera?

Realmente siento que no puedo hablar con propiedad o proclamar ninguna sentencia, ya que esto es todo muy nuevo para mí. Pero creo que la respuesta es sí, sobre todo en los tiempos que corren. Creo que vivimos una época muy tumultuosa y de mucha inestabilidad en la que el arte siempre se ve perjudicado de una manera u otra. En lo poco que llevo cantando, he conocido a gente preparadísima con voces increíbles y con muchas ganas de trabajar, hacer proyectos, ser artistas; pero no es nada fácil. Somos muchos, y al menos a nivel nacional, las oportunidades no son tantas. En lo que a mí respecta, pese a que tengo muy claro que el contexto es el que es, intento no tener prisa por querer hacer todo a prisa y corriendo, sino estudiar muchísimo, formarme todo lo que pueda, escuchar, aprender y tener objetivos claros. Todos soñamos con hacer carrera o poder debutar un rol en un gran teatro, pero también pienso que, con una mente centrada, paciencia, trabajo duro y sobre todo mucha humildad, se pueden llegar a hacer grandes cosas. Hace un año estaba empezando a cantar por primera vez en mi vida y un año más tarde estaba debutando como Schaunard de La Bohème en la Escola d’Òpera de Sabadell, algo que ni en mis mejores sueños podría haber imaginado.

¿Cómo definirías tu voz?

Es otra pregunta complicada, ya que me cuesta mucho autodefinirme en cualquier aspecto. Teniendo en cuenta las enseñanzas de mis profesores y la línea de repertorio que estoy trabajando, supongo que puedo decir que soy un barítono lírico-ligero, ya que realmente la zona grave sigue siendo un mundo desconocido por explorar, mientras que los agudos vienen más fácilmente, con un brillo y color más claros. Es por ello que mi repertorio se está centrando en roles jóvenes y acordes con mi vocalidad, como pueden ser Papageno, Il Conte o Guglielmo. Aun así, soy muy consciente de lo joven que es mi voz, y espero pacientemente ver cómo va evolucionando con el paso del tiempo.

Carlos Varela como Schaunard en ‘La Bohème’. © Fundació Òpera a Catalunya

¿Qué roles y óperas estás trabajando actualmente?

Soy aún estudiante primerizo, o sea que me toca orbitar muchos estilos diferentes. Dentro del conservatorio seguimos un programa distinto cada cuatrimestre, por lo que siempre estás cantando en diferentes idiomas y tocando movimientos artísticos contrastantes. En mi caso ahora estoy preparando canciones de Schumann, Quilter y Miquel Ortega y este último cuatrimestre hemos trabajado muchísimo mélodie francesa con Dolors Aldea, con canciones de Duparc y Chausson, así como algún aria del Mesías de Händel, ya que me fascina el oratorio. Además, me interesa mucho la zarzuela, así que ahora mismo trabajo una de las arias de Vidal en Luisa Fernanda: “Luche la fe por el triunfo”. En lo que a ópera se refiere, cada año trabajo Belcanto con mi profesor Eduard Giménez, nexo directo con la tradición italiana belcantista del siglo pasado y ahora mismo trabajamos en algún aria de I puritani, para poder ir madurando dicho repertorio. Además, en mayo debutaré como Papageno en las funciones de Die Zauberflöte que representamos en el Conservatori del Liceu, con los alumnos del máster de ópera y alumnos colaboradores de grado y máster. 

¿Y cuáles son los personajes que te gustaría poder interpretar sobre el escenario en un futuro próximo?

Me gusta literalmente casi todo el repertorio, aunque por supuesto hay cosas que se pueden hacer y otras que no. Soy un apasionado de Mozart, por lo que papeles como Il Conte, Guglielmo o Don Giovanni me fascinan, no solo a nivel individual, sino por los conjuntos maravillosos en los que se ven envueltos con el resto de personajes. También le tengo muchas ganas a los belcantistas, particularmente a óperas como La Cenerentola, Il viaggo a Reims, Don Pasquale o I Puritani. Asimismo, el hecho de haberme estrenado en un rol pucciniano el año pasado me ha abierto mucho el apetito a roles como Marcello de La Bohème o incluso a algún papel más cómico como alguno de los integrantes de la avariciosa familia de Gianni Schicchi.

También te interesa el oratorio, el Lied y la mélodie francesa.

Sí, me encantaría seguir explorando el oratorio, ya que me parece una música particularmente especial, tanto por su forma como por el contenido. Me encantaría poder cantar con orquesta el Paulus o el Elías de Mendelssohn, cualquier oratorio de Bach o el Requiem de Fauré. Además, este año he descubierto mucho repertorio en francés, y espero poder en unos años cantar Massenet, Debussy o Bizet. Aunque insisto, ¡es muy difícil hacer una selección con tantas joyas en el repertorio lírico!

¿Cuáles son tus cantantes históricos de referencia?

A nivel histórico, tengo que decantarme mucho por Italia, en parte también por culpa de mi profesor, Eduard Giménez, ya que ha cantado con grandes nombres de la lírica. Cappuccilli, Panerai, Bruscantini, Bastianini, Maffeo… son barítonos a los que admiro profundamente. Pero no puedo dejarme en el tintero a Gerard Souzay, Hermann Prey, Vicente Sardinero, Jerry Hadley, Pietro Spagnoli, Cornel MacNeil… y podría seguir. También tengo una gran fijación con los roles femeninos, que admiro desde pequeño. Solo por nombrar a algunas podría hablar de Freni, Callas, Caballé, Sills, Cosotto, Simionato, Nilsson, Podles, Obraztsova, Cotrubas, Moffo… es muy difícil escoger.

¿Y, del panorama lírico actual?

Intento ir bastante al teatro, y recientemente me he conmovido muchísimo con Anna Pirozzi, que nos dejó a todos locos en Un ballo in maschera y La forza del destino en el Liceu. También sigo mucho a artistas como Marina Monzó, Sara Blanch, Michael Spyres, Erin Morley, Freddie di Tommaso, Adriana González, Miren Urbieta Vega, Rosa Feola o evidentemente grandes divas de nuestros días como Oropesa, Dievieilhe o Sierra.

¿Qué profesores te han marcado más durante tu formación musical?

Creo que como músico mi formación pianística tiene un peso relevante, no solo por la parte del instrumento, sino por el bagaje musical y la capacidad de escuchar. En este sentido, mis profesores de piano Rasa Biveiniene (Lituania) y Josep Colom han sido dos pilares clave en mi aprendizaje. En lo que a mi trayectoria vocal se refiere, mis primeros pasos descubriendo mi voz fueron de la mano con Anna Feu, a quien estoy eternamente agradecido por haberme dado la seguridad y la confianza para atreverme a lanzarme a la piscina. Sin embargo, creo que la persona que más impacto ha tenido en mi corta vida como cantante es mi actual profesor, Eduard Giménez, quien está transmitiendo una visión muy natural y orgánica del canto. Gracias a él creo que mi voz está encontrando un lugar muy cómodo en el que desarrollarse, además de que confío plenamente en él, y creo que él también en mí. Me gusta porque me hace ver que no hay que tener prisa, nunca me hace cantar cosas que no me toquen hacer en este momento y es muy sincero y claro, tanto a la hora de dar clase como de orientarme en mi trayectoria. Para mí es una gran suerte poder trabajar con él durante toda la carrera.

Esta temporada, en octubre, participaste en la Escola d’Òpera de Sabadell, cantando Schaunard en La Bohème. ¿Cómo valoras esta experiencia? ¿Crees que es importante que los teatros de ópera apuesten por los jóvenes?

No quiero recaer en clichés, pero creo que los jóvenes tenemos un valor que muchas veces pasa desapercibido. En contra de lo que muchos sectores de la población puedan pensar, estamos deseando trabajar, tenemos ideas, inquietudes, hay muchísimo talento y tenemos ganas de participar en cualquier tipo de proyecto. No todo el mundo disponemos de las mismas facilidades y recursos, hay gente en situaciones verdaderamente complicadas y sabiendo además lo caro que puede llegar a ser el mundo del arte y en particular la ópera, es de vital importancia tener iniciativas locales y nacionales que nos ayuden a la gente joven a poder empezar a entrar poco a poco en el mundo profesional. En mi caso, la Escola marcó un antes y un después en mi vida. Fue como un sueño. Estás dos meses prácticamente rodeado de profesionales, de compañeros maravillosos, de música, compartes experiencias, se forjan relaciones que jamás se olvidan, aprendes de tus compañeros, vives cantidad de momentos memorables y te superas a ti mismo cada día que pasa. Se trabaja muchísimo, eso sí, son muchos ensayos, muchas horas dándolo todo y acabas la semana totalmente derrotado porque a cada momento das el cien por cien. Pero los aplausos el día de la función, los nervios antes de salir a escena, la emoción que se genera encima del escenario y que el público percibe… cada momento hace que merezca la pena.

Tiene mucho mérito ser uno de los seleccionados justo en tu primer curso como cantante.

Cuando entré en la Escola hacía justo un año que había comenzado a cantar, y si una oportunidad tan valiosa no hubiera existido dudo mucho que hubiera tenido la suerte de poder debutar un rol en un teatro, con orquesta y dentro de una producción profesional. Te paras a investigar un poco el panorama y te das cuenta de que en España las oportunidades no son tantas, por eso creo que Sabadell no debería ser la única opción, necesitamos que los teatros impulsen este tipo de iniciativas para los jóvenes, ya que la retribución y los beneficios que pueden llegar a generarnos son incalculables. 

¿Cómo te sientes al ser uno de los becados de la Fundación ÓPERA ACTUAL?

A veces se nos olvida el mundo en el que vivimos, y hay mucha gente nos encontramos viviendo lejos de casa intentando luchar por el futuro que queremos tener, echando horas en trabajos precarios para poder pagar un alquiler que no para de subir y contando con el apoyo económico de nuestros padres para poder sufragar todos los gastos que generan nuestros estudios. En mi caso he tenido suerte, ya que he podido venirme a Barcelona con el apoyo de becas y ahora, de la Fundación ÓPERA ACTUAL, gracias a lo que puedo vivir tranquilo, pero si no fuese el caso, muy probablemente no podría haberlo hecho y tengo esto presente cada día de mi vida. Al contrario de lo que mucha gente y músicos piensan, los cantantes nos pasamos horas y horas entrenando, a solas con nosotros mismos y nuestros pensamientos e inseguridades, siempre intentando dar la mejor versión de nosotros mismos y la mayor parte del tiempo nos vemos inmersos en un mundo en el que no se abren muchas puertas y en el que las oportunidades son justas. Por eso creo que tantas horas, tantos años de esfuerzo, sudor y lágrimas deberíamos poder tener acceso a iniciativas que nos ayuden a que el camino a conseguir nuestro futuro sea algo más fácil. 

© FÓA / Riccardo Riccio